Las Moscas

A pesar de su tradición poética y literaria este verano me han hartado.

Vosotras las familiares

inevitables golosas

vosotras , moscas vulgares

me evocáis todas las cosas.

Dice nuestro imponderable Antonio Machado. También han sido encumbradas por Sartre en su obra teatral “Las Moscas”; por William Golding en “El señor de las moscas”, por  mi argentino y señero Horacio Quiroga , en su cuento “Las moscas ” y el guatemalteco Augusto Monterroso que hasta se atreve a decir “yo me ocupo de las moscas, que son mejores que los hombres, pero no que las mujeres”.  Me adhiero solo al final  de la frase pero no a su debilidad por este insecto que hoy me ha llevado por indignación, a ocuparme, a mí que no las tolero, de ellas en este artículo.

¿Pero qué me pasó para que me sienta dispuesta a darles tanta publicidad?

Se los comento: esperaba en la acera de mi casa a un amigo que en su Vespa me alcanzaría, de paso, un envío de su mujer cuando de pronto me vi como un molinete de riego pero sin agua, girando con los brazos de un lado al otro espantándome  “las viejas moscas voraces” que me acosaban y no por ser dulce sino por estar cerca de unas heces de perro, que decoraban mi portal . He leído que “las heces en las calles son un medio propicio para que las moscas ( mis invitadas de hoy) coloquen sus huevos ahí”.

¿Por qué mi agresividad a estas “pequeñitas, revoltosas, /vosotras, amigas viejas …” como las nombra Machado ?

Porque prefiero un Torremolinos en el que no vivamos la contaminación ambiental, visual, olfativa y el peligro de resbalar en ellas con la consabida caída y sus consecuencias o, con mejor suerte, llevarlas en los zapatos desparramando contagio de enfermedades por donde nuestros pasos nos lleven.

¿No sería más loable una campaña de educación vial para los felices dueños de esos perritos tan limpios y perfumados y para nuestro Ayuntamiento una concienciación que lo empuje a lograr  una mejor limpieza de nuestras calles y aceras?

Y pido perdón a mis queridos poetas que han llevado a Las moscas a la categoría literaria pero sin dejar, las mismas, su categoría terrenal, no tan sublime y que hoy me lleva a exigir ¡Pena de muerte! para LAS MOSCAS.

Graciela

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